viernes, 30 de marzo de 2012

El aviador


El aviador

Desde que fui pequeño, tuve decidida mi profesión, sabia que iba a ser aviador, quería volar, estar en el aire y ver la tierra desde arriba. Soñaba con sentirme ave, ser libre, volar toda mi vida, vivir en el aire de mi mundo; atravesar tormentas, fantaseaba con romper las nubes, pasar por ellas y salir del otro lado, para saber que era lo que había mas allá de esos grandes copos de algodón que solía ver desde el parque al que iba, tan solo, para retozar y mirar hacia el cielo, hacia mi sueño.

Solía jugar a que estaba en el aire y debía atravesar una tempestad y salvar a toda mi tripulación de la muerte,... mi tripulación, dos muñecos y tres muñecas robadas a mi hermana. Fui creciendo y mi habitación estaba empapelada por todos los aviones del mundo, colgaban los bombarderos de mi techo, y yo, con mi eterno sueño deseaba encontrarme sobre uno de esos.

El tiempo siguió pasando implacable y entré a una escuela para pilotos, me esforcé por ser el mejor, volaba esos aviones como nadie, mis piruetas eran las más riesgosas del escuadrón, aunque recibí unos cuantos retos a causa de eso, que los aviones son patrimonio de la nación, que cuesta mucha plata y son para la defensa del país, que mi vida no valía nada, pero un avión perdido podía causar muchas muertes y se pueden perder batallas.

Me recibí, las medallas comenzaron a colgarse en mi pecho, era piloto de exhibición, me prometieron que nunca entraría en combate, además, las guerras estaban lejos. Nunca voy a olvidar las sonrisas de los niños cuando me veían bajar del avión, era como un héroe de series de televisión, entonces comenzaba a contarles historias irreales sobre guerras y batallas que nunca habían existido, los niños me amaban y creían que había estado en todas las guerras del mundo, que había matado a muchos soldados enemigos, que había derribado miles de aviones y hundido demasiados barcos.

Les gustaba escuchar historias de muerte y destrucción, adoraban eso, y yo, como siempre sufrí soledad y nunca tuve mujer ni hijos, sentía a esos niños como si fueran míos y los trataba cual hijos verdaderos, siempre quise tener uno, pero mi trabajo, los viajes de un lado para otro, nunca me permitieron enamorarme y me truncaron los sueños de formar una familia. Un soldado de mi talla, no podía tener ningún familiar, nunca entendí porque, pero yo no tenía familia, al igual que todos mis compañeros.

Lo recuerdo como si fuera hoy, los rumores comenzaron a correr por el escuadrón, que una guerra había comenzado, decían que necesitaban los mejores pilotos para hundir barcos y derribar bombarderos enemigos. Comencé a temer que los cuentos tan fantásticos que les había contado a esos niños se hicieran realidad; pero eso era imposible, me habían prometido que nunca iría a combate.

En cuanto me di cuenta, estaba transportando a cientos y cientos de niños hacia unas islas, no podía quejarme, viajaba todo el día y descansaba tan solo dos o tres horas por día. No puedo olvidar las caras de esos jóvenes, parecían recién salidos de una película de terror, parecía que estaban soñando, algunos ni siquiera sabían hacia donde iban, esos rostros asustados me daban pena; pero, por suerte yo nunca iría a combate.

Los viajes se terminaron pronto y, en lugar del avión de carga que piloteaba, me encontré en un bombardero casi obsoleto, me explicaron como disparar y me largaron al combate, miré mi cara al espejo entes de mi primer viaje y vi el rostro de los jóvenes que transportaba, tenía un temor tal que no sabia como escapar.

En mi primer vuelo estuvimos patrullando, pero de repente, aparecieron unos puntitos negros en el horizonte, era el enemigo, se acercaban rápidamente, cerré mis ojos y comencé a disparar, derribe algunos, lo que me valió un gran reconocimiento. Esa noche no pude dormir, me parecía ver una y mil veces, las imágenes de los aviones cayendo destrozados al mar. Volé unas cuantas veces, y sentía que todas mis historias se hacían realidad; día a día, veía los jóvenes que había traído hasta las islas, los había traído a morir.

Cierto día salimos a hacer un vuelo de rutina, aunque ya estabamos acostumbrados a los ataques sorpresa en esta clase de vuelos; estaba todo tranquilo, hasta que sentí un golpe en el ala del avión, otro, otro, el avión perdió estabilidad y me expulsé, mientras caía, vi estallar mi avión en mil pedazos, cuando caí a tierra, algo explotó a un par de metros y un trozo de metal me robó una de mis piernas.

Me mandaron de vuelta a casa, sin mi pierna, y con las heridas que nunca se borrarían, por ver tal masacre inhumana, noche tras noche soñaba con los gritos, las explosiones, los aviones cayendo, las ráfagas de ametralladoras, aun sigo soñando con eso. Ya pasaron algo mas de 17 años, y no lo puedo olvidar, no tengo trabajo y nadie quiere a un hombre en mi situación. Todos los días, salgo a ver si puedo conseguir algo que comer, miro mi medalla, “héroe de guerra”, eso era para los niños que me veían volar, eso era para el gobierno de mi país, pero ya no existía, hoy, sigo arrepintiéndome de haber querido ser libre, hoy soy un esclavo de una absurda guerra, tan solo por cumplir mi sueño, que paso a  ser una pesadilla, poder volar.

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